Chistes sucios larga

Velador en centro comercial (Parte 10 Final) [O]

2018.10.10 00:07 El-Discrepador Velador en centro comercial (Parte 10 Final) [O]

Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4
Parte 5
Parte 6
Parte 7
Parte 8
Parte 9
Raúl no se presento a trabajar, no sabía si realizar el recorrido solo o no. En un momento de enojo tome una de las armas y me dirigí a hacer el recorrido que obviamente me llevo el doble de tiempo, en cada puerta o pasillo oscuro llevaba preparada el arma, llevaba también linterna de Raúl. Cuando llegue a zona de muebles la recorrí rápidamente y con el arma lista apuntando hacia adelante, el espejo donde había entrado la mujer el otro día se veía normal. Me dirigí hacia los sanitarios y al entrar al de hombres amartille el arma. Todo normal, ni un sonido fuera de lugar, el baño de las mujeres se encontraba igual. Revise las ultimas puertas y todo se encontraba en orden ese orden incomodo que siempre ha tenido ese centro comercial. En el cuarto de vigilancia me dieron ganas de llorar como si ese recorrido me hubiera lastimado demasiado. Me recosté un rato en el sillón y dormite por un momento. Me levante después de 15 minutos y me dispuse a ver los monitores, todo parecía solo y desolado, yo mismo me sentía abandonado en ese escritorio.
Ese día termine tan cansado que no fui a mi segundo trabajo, fui directamente a casa y dormí hasta entrada la tarde, casi llego tarde a trabajar. Al llegar me informaron que Raúl no se había presentado ese día (Raúl era más puntual que yo y casi siempre llegaba 5 minutos antes de la hora de entrada). Mi jefe me informo que nadie del turno de la mañana estaba dispuesto a apoyarme en el turno de la noche. También me informo que buscarían un nuevo compañero lo más rápido posible. Me senté en la silla a ver los monitores cuando todos terminaron de salir, ese día no hice el recorrido.
Al cuarto día era claro que Raúl no iba a regresar. A pesar de que intente llamar a su casa para saber que le había pasado nadie me respondió. Comencé una rutina para los recorridos para hacerlos yo solo, primero revisaba que las puertas estuvieran aseguradas y después revisaba la zona de productos y las cajas, cuando pasaba por el área de comida me acordaba de los sándwiches que habíamos comido el ultimo día que lo vi y que fue la razón por la que Raúl había ido al sanitario cuando no lo volví a ver. Decido que en las próximas semanas me daría algún tiempo para ir a visitarlo a su casa. Me indicaron que podría llevarle su liquidación, no era mucho dinero pero seguramente le serviría. No sabía que lo vería mucho antes.
Las noches se comenzaron a tonar frías y pesadas, me sentía como un animal atrapado en el centro comercial en cada turno. Poco a poco las situaciones se repetían nuevamente, las cosas comenzaron a moverse o a aparecer y estoy seguro que comenzaba a oír voces. Al principio eran como murmullos o susurros, aunque en un par de ocasiones me pareció oír que murmuraban mi nombre. Pensaba que me estaba volviendo loco y el rumor de aquella voz de alguna manera me comenzaba a hipnotizar. Me comencé a asustar y a dudar de mi cordura cuando por ejemplo recogía un carrito de algún pasillo, lo colocaba con los demás y al regresar al pasillo en cuestión el carrito seguía ahí, o cuando colocaba un articulo fuera de lugar y justo cuando estaba acomodando el articulo y lo tenía aun en la mano, veía otro en el piso. Lo único que me ayudaba a conservar la cordura era que al final del turno cuando salía de ahí en mi otro trabajo nada de eso pasaba y en mi casa todo era normal.
Así paso una semana. Durante la segunda semana todo parecía mejorar con respecto a la casa de mis padres ya que había llegado a un acuerdo con el banco, con la cantidad que había podido ahorrar podía prácticamente liquidar la deuda y recuperar la casa. Otra cosa era el juicio sobre mis negocios. Sin embargo la más importante era la casa de mis padres ya que tenía mucho valor sentimental ya que ahí había pasado toda mi infancia. Recuerdo muy bien que fue un miércoles en la madrugada el ultimo día que estuve de noche en ese centro comercial, no puedo olvidarlo al día de hoy, fue la tercera semana después de que Raúl había dejado de asistir al trabajo.
Parecía que iba a ser un día "normal" dentro del centro comercial, llegue, recibí los reportes del día, la gente salió como siempre y me dedique a vigilar los monitores antes de comenzar el recorrido habitual. Tenía preparada el arma como en los días anteriores y estaba sobre el escritorio con el seguro puesto. Me senté a ver los monitores casi a las 12:00 de la noche. Vi algunas sombras en el monitor pero nada especial, parecían manchas de la cámara o algún insecto que se acerco demasiado por medio segundo en las cámaras, ya antes había sucedido. Me sentía mas cansado de lo habitual por lo que me tome un café. Me dirigí al sanitario dentro del cuarto de vigilancia y me mire al espejo, las ojeras parecían más acentuadas esa noche, "que noche tan pesada me espera" dije para mí mismo. En ese momento oí ruidos en el radio interferencia como había sucedido alguna otra vez. "Tsss, hola, hol.., ¡ayudaaaaa!, jajaja, ¡nooooooo!, jajaja, Javieeerrrr, ¡No quiero estar aquí!..... ¡noooo dejameeeee!...." fueron algunas de las palabras que pude identificar. Todas las voces eran diferentes, de hombres mujeres e incluso una que otra de niños o adolescentes "gente jugando con las bandas de radio" pensé. Algunas parecían reales, otras parecía que fueron grabadas bajo el agua o algún tipo de filtro. Me dispuse a tomar una siesta de 15 minutos para iniciar el recorrido y despejarme, me recosté en el sillón y puse mi alarma. Me quede profundamente dormido y no recuerdo si soñé algo, sin embargo me desperté porque empecé a oír el llanto de un niño justo en mis oídos "¡buaaaa, ¡buaaaaa!, ¡sob! ¡sob! ¡buaaaaa!" me desperté con la cabeza dolorida y el llanto en mis oídos, creo que me acoste en mala posición porque me dolía el cuello me sentía más cansado que al principio. "¡Rayos!, Me quede dormido?" Vi la hora y había pasado dos horas y mi alarma o no sonó o no la escuche, a mi me parecía que apenas me había recostado. Me dirigí a los monitores y todo parecía normal, sin embargo el llanto del infante aunque se oía mas lejano que al principio. Me tomo un par de minutos razonar la hora que era y que el sonido del llanto se estaba oyendo en el centro comercial y no solo en mi cabeza.
"¿Que está pasando?" me pregunte, tome la lámpara y el radio y me dirigí rápidamente hacia abajo a buscar el origen del sonido, sentía la cabeza como despegada del cuerpo y al mismo tiempo nebulosa y desorientada. Molesto empecé a buscar el origen del llanto, parecía que provenía del otro lado del centro comercial en el área de muebles o sanitarios. A medio camino sentí mucha ansiedad porque si alguien había olvidado un bebe o un niño dentro del centro comercial yo no había revisado sino hasta altas horas de la noche, "seguro me van a despedir por esto" pensé. A medio camino desapareció el llanto, no se oía nada, me di cuenta que no llevaba el arma, mi mente se comenzó a aclarar un poco. "Demonios, deje el arma en el cuarto", justo comenzaba a dirigirme de regreso al cuarto de vigilancia cuando volví a escuchar el llanto "¡buaaaa, ¡sob! ¡buaaaaa!,¡sob! ¡buaaaaa!", el llanto era agudo y se escuchaba más claramente, el llanto provenía del sanitario de mujeres al parecer. me dirigí al sanitario con paso apresurado, cuando estaba frente a la puerta y levantando la mano para tomar el picaporte mi mente reacciono. Vino a mi memoria el incidente de Raúl y el susto que había recibido por la mujer que habia entrado al espejo. En ese justo instante el llanto se escucho más fuerte.
"¡Buaaaaaaaa JAJajAJajAjAjAJaJAjA, sob, Buaaaaaaaa JAJajAJajAjAjAJaJAjA!," Ahora el llanto se oía al principio pero al final era una risa burlona y chillona de una mujer, animalesca y terrible como de triunfo que me taladro los oídos, me helo la sangre y me paralizo, sentí como la fuerza de los pies me abandonaba y los cabellos se me levantaron como si alguien tirara de ellos hacia arriba. "Sob, snif, Buaaaaaaaa JAJajAJajauuuuuaaAaAa, snif, Buaaaaaaaa JAJajAJajAjAjAJaJAjA!, JAjAJaAJAaJAajAJaaa," La puerta se abrió abruptamente y ahí solo había oscuridad y el llanto-risa se oía más fuerte que me cimbraba los huesos. Comenzaron a aparecer en aquella oscuridad ojos grandes y pequeños como si despertaran abruptamente de un largo sueño, ojos enrojecidos o amarillentos enfurecidos, llenos de odio, hambre, desesperación y muerte. Poco a poco iban apareciendo mas y mas hasta llenar casi toda la oscuridad, intente caminar hacia atrás pero el tiempo parecía detenido, sentía que mi mente colapsaba, los ojos malditos comenzaron a arremolinarse como si un vórtice dentro del baño de mujeres los absorbiera succionando a la vez el llanto-risa "¡buaaaajajajaja, ¡sob! ¡buaaaaajajajaa!, ¡snif!. Caí de espaldas e intente alejarme pataleando con todas mis fuerzas, sentía claramente que ese vórtice me absorbía con intensa furia. Se oían voces que provenían de dentro del vortice "¡Ayudaaaa, !Nooooooo!, !Eres parte de nosotros Javier!, !No escaparas!, !Eres mío!, ¡ Arrrghghhh!, ¡Jajajaja!, !mátalo ya!, !correeee!, !GRRRhhhhglubglub!" Muchas de esas voces graves y cavernosas. En mi desesperación por huir de ahí, pude ver como un gran dedo largo huesudo de piel grisácea y podrida con una uña larga sanguinolenta puntiaguda arqueada como un gancho salía de esa oscuridad e intentaba atraparme. Me di vuelta para levantarme y salir corriendo y sentí una punzada en la espalda, Muchas de las voces gritaron triunfantes "¡SIIIII UNO MAS!, "!DAMELO A MI!, !COME CON NOSOTROS!", "¡QUE SUFRA CON NOSOTROS YAAA¡" ¡JEJEJE!, Mientras otras decían "¡NOOOO!, ¡NO DEBISTE VENIR NUNCA!, ¡PORQUE NO CORRISTE!, ¡SALVAME!. Mi mente no pudo mas grite con todas mis fuerzas mientras sentía que ese dedo me arrastraba "¡ALGUIEN AYUDEME! ¡NOOOOO!, ¡¡DEJAME EN PAZ!!, ¡¡AARRRGHHH!!. Mi mente y cuerpo no pudieron mas y mi desvanecí.
Corriendo por un largo pasillo oscuro con miles de puertas a ambos lados, intenta abrirlas y todas estaba cerradas, las voces y la oscuridad se me venían encima y corría y corría con todas mis fuerzas. Iba llorando y pensaba en la vida que había llevado, en mis padres y en las cosas materiales que me habían importado en la vida pero en esa oscuridad lo único que me importaba era mantener mi existencia y mi mente. Esa oscuridad inmensa estaba cerca y podía oír las voces, corría con todas mis fuerzas, sentía que esa cosa me desgarraba y cada pedazo de mi que quedaba atrás desaparecía para siempre en medio de mucho dolor. Cuando sentía todo perdido y que no podía mas, vi una tenue luz apenas del tamaño de un insecto, corrí con toda el alma y sentía que desaparecería con ese último esfuerzo, cuando me acerque a la luz vi que provenía de una puerta que abrí presuroso y entre, una gran luz me inundo. Me encontré en una habitación con un gran ventanal a la izquierda del cual emanaba una luz reconfortante y cálida que lo inundaba todo, en la cama que estaba en medio de la habitación estaban sentados mis padres. Súbitamente toda la desesperación y miedo se desvanecieron al instante, con lagrimas en los ojos mis padres me abrazaban y yo lloraba pero ahora de felicidad. En mi mente parecía que todo lo sufrido dejaba de tener sentido con el simple hecho de estar ahí. Mis padres no me dijeron nada pero parecía que me lo decían todo tan solo con su presencia. Me sentía tranquilo, amado y feliz. Del otro lado de la puerta estaba la oscuridad pero ya no sentía miedo, me llamaba "Javieeeerrrr ggrr, Javieeerrr, Veeeennn, veenn ggrrr con nosotroossssss, ¿dóndeeee essstaassss?". Mi padres me tomaron de las manos y me sentaron en la cama, me daban un beso en la frente y me decían "no te preocupes", Salían por la puerta y me quedaba ahí pensativo, me sentía dichoso. Desperté al otro día con los ojos llorosos y un dolor agudo en la espalda, estaba amaneciendo. Mi mente recordaba el terror que había vivido, pero mi corazón se sentía en calma. Me dirigí al cuarto de vigilancia, faltaba un poco más de una hora para que comenzaran a llegar los empleados, en mi corazón sabía exactamente lo que iba a hacer. Los empleados llegaron, les deje pasar como todos los días y todos me vieron un poco asustados como si sintieran pudieran sentir mi felicidad y no creerlo. En cuanto llego mi jefe renuncie y solicite mi liquidación, por un momento quiso decirme algo pero después de un par de segundos me los concedió.
"Es una pena que te vayas, ¿sabes?, tu perteneces aquí" me dijo y me puso en alerta. "Sí, bueno, creo que mi tarea aquí ya se cumplió" Dije, mi jefe me miro extrañado. "Si algún día quieres reg......" "No creo que vuelva a regresar a trabajar aquí" dije abruptamente. "Bueno, puedes pasar por tu liquidación la semana que viene y dile a Raúl que pase también, no se vaya a escapar de esta también". " ¿Que dijo?" "Nada, nada, si quieren pasen juntos la semana que viene" Me dijo un poco molesto.
Me dirigí a mi otro trabajo y todo fue bien. Esa dicha o felicidad que sentí estando con mis padres me duro al menos tres días durante los cuales dormí como no dormía desde mi niñez. Ese fin de semana decidí ir a ver a Raúl a su casa. Fui un domingo temprano, me abrió su mama cuando llegue a su casa, cuando le explique la situación me indico que pasara porque Raúl no estaba en ese momento porque había ido a misa. Esto me extraño ya que según me había dicho era ateo. Su mama me invito a sentarme en la sala pequeña, me ofreció un café que acepte gustoso. Su madre me interrogo.
"Quisiera preguntarle que sucedió el día que Raúl dejo ir a trabajar, llego aquí muy agitado, tenia calentura y durante la noche se despertaba gritando, parecía que deliraba por lo que lo llevamos al hospital. Estuvo internado tres días y bajo mucho de peso, cuando le preguntamos simplemente nos dijo que había comido algo que le había caído muy mal, después de que lo trajimos a casa nos dijo que quería ir a la iglesia y nos pareció un chiste, el nunca ha creído en dios y la única que es católica es mi hermana, pensamos que el regalo que ella le dio lo mal influencio." dijo su mama un poco preocupada.
"No puedo decirle nada señora, ese día Raúl se fue muy apresurado y no he podido comunicarme con él hasta el momento." Se escucho claramente que alguien abrió la puerta. Raúl entro y cuando me vio palideció, miro a su mama y a mí y no supo que decir. "Mira hijo quien vino, es tu compañero de trabajo", "Ehhh sí, eso veo mama" dijo Raúl. "Raúl, vine a verte porque me tenias muy preocupado, además me autorizaron a decirte que puedes ir por tu liquidación la próxima semana". "No pienso volver ahí" dijo Raúl abruptamente. "Pero Raúl, necesitas el dinero para la escuela." dijo la mama de Raúl. "No te preocupes Raúl, podemos ir juntos la semana próxima", " ¿Qué? ¿ya no trabajas ahí?", "no, renuncie hoy mismo, también traigo la lámpara que olvidaste, me sirvió de mucho". Raúl se quedo viendo la lámpara pensativo y dijo "vamos a mi cuarto quiero mostrarte algo", "Está bien" dije. "Preparare mas café y unas galletas" dijo su mama, "Esta bien mama, por aquí Javier por las escaleras". Llegamos a una habitación modesta pero ordenada con un escritorio y una ventana al fondo que daba hacia la calle, tenía varios libros en las repisas arriba de la cama y pude ver una biblia. También vi un Cristo colgado en una de las paredes. Me senté en la cama, Raúl se sentó pensativo en la silla del escritorio.
" ¿Por que ya no trabajas ahí?" Dijo Raúl. "Bueno, es una larga historia pero vine principalmente para saber que te paso a ti". "Hmmm, no sé a veces dudo que haya pasado pero cuando llega la noche o pienso un poco en ese día siento mucho miedo, a veces pienso que enloquecí". Después de un rato pensando dijo "no sé si me vayas a creer pero, ¿recuerdas que me sentía mal del estomago y fui al sanitario?", "Si, lo recuerdo bien". "Bueno pues entre a uno de los cubículos, deje el radio y la lámpara en el piso y cuando me disponía a salir oí ruidos en el cubículo de al lado, me asome por debajo y vi un pie descalzo como si alguien estuviera en el cubículo de al lado, tarde un par de segundos en asimilarlo, tome la lámpara y salí, El pie seguía ahí cuando salí y cuando iba a abrir la puerta vi que comenzó a moverse, como si bailara pero solo se veía un pie nada más. Cuando abrí la puerta la luz se fue, incluso la de mi lámpara y un miedo muy intenso me inundo el cuerpo. El cuarto se enfrió de inmediato, golpee mi lámpara y destello un poco, en esos pocos destellos me pareció ver que ya no estaba en el sanitario sino en algún otro lugar sin paredes lleno de personas o mejor dicho sombras. Golpee la lámpara nuevamente y encendió muy tenuemente, me dirigí hacia la puerta de salida y sentí que algo me lo impedía como si cientos de brazos me agarraban por la espalda, comencé a oír voces que me reclamaban, me pedían ayuda o decían mi nombre. Ya para entonces pensaba que me estaba volviendo loco y con todas mis fuerzas me dirigí hacia la puerta, cuando la abrí y entro la luz del centro comercial, algo me rasguño en la espalda y sentí que me jalaban de la cadena que me había regalado mi tía. Grite y caí al suelo, me voltee para ver qué era lo que me detenía y pude ver un ser demoniaco y terrible, con una sonrisa maquiavélica llena de dientes grandes y sucios, me llamaba con sus largos dedos y podridos, el olor era nauseabundo, lo podía oír en mi cabeza junto con un conjunto de voces que reclamaban mi ser y mi alma como suyos. Mi mente se negaba a creer lo que estaba viendo. No sé cómo me levante e intente correr hacia el cuarto de vigilancia con la lámpara en la mano, podía oír como alguien decía mi nombre desde esa dirección. Cuando ilumine hacia arriba pude ver al guardia con la cara hinchada y desfigurada pero con la misma sonrisa maquiavélica y burlona que acababa de ver hace un momento. No pude mas y salí corriendo de allí. Corrí sin parar por un par de cuadras, estaba empapado de sudor y por la lluvia, me quede no se cuanto tiempo abajo de la luz de una farola, todavía podía oír esas voces en mi cabeza y me dolía mucho la espalda. No quería alejarme de esa luz, sentía que si me acercaba un poco hacia la oscuridad esa cosa me atraparía o vería esa cara demoniaca. Cuando amaneció y el sol ya se podía ver, me dirigí hacia aquí, quise descansar y no pude. Podía ver entre sueños seres demoniacos oía las voces y sentía esa punzada en mi espalda. No recuerdo más, me dijeron que estuve delirando en el hospital, cuando desperté me preguntaron que sucedió y solo les dije que un sándwich me había caído mal, aunque los médicos no se lo creyeron ya que no tenía ninguna infección intestinal. Al final solo le dijeron a mis padres que había enfermado por exceso de trabajo."
Nos quedamos pensativos un momento y Raúl me dijo sin tapujos "Y a ti, ¿te sucedió algo?"Le conté lo que me había sucedido y volvió a palidecer, cuanto termine la historia, un libro cayo de la repisa sobre la cama aparentemente sin que nadie lo tocara. Nos quedamos mirando un momento, Raúl lo levanto y me dijo "sabes, nunca habría creído en esas cosas si no las hubiera vivido pero ahora no tengo dudas, creo también que ese día la cadena que me regalo mi tía me salvo de esa cosa."
Toc toc, "¿se puede pasar?" dijo la mama de Raúl, "si" respondió Raúl, nos sirvió el café y dejo unas galletas. Después de tomar un sorbo de café Raúl me dijo "Esto es lo que quiero mostrarte". En su computadora tenía un conjunto de noticias de periódicos y algunas fotos sobre el centro comercial.
"He estado investigando sobre el centro comercial y parece que es propenso a los accidentes y hasta desapariciones, mira por ejemplo esta, un guardia del turno nocturno murió salvajemente golpeado en el cuarto de vigilancia, lo atribuyeron a un asalto, sin embargo en este periódico uno de los guardias del turno matutino dijo que el cuarto estaba cerrado desde dentro y no había ningún faltante de mercancía." había muchas noticias sobre accidentes de clientes y del personal que laboraba ahí. Parecía que el centro comercial atraía ese tipo de cosas.
"Mira esta otra noticia, habla sobre una mujer embarazada que entro a los sanitarios y tuvo un aborto ahí mismo. Aquí una persona tomo un cuchillo de los de exhibición y se saco los ojos diciendo que no quería ver las horribles criaturas que estaba ahí, fue llevado a un manicomio. En esta dicen que a dos guardias los encontraron afuera del centro comercial porque oyeron ruidos y rugidos como si un gran animal estuviera dentro del centro comercial, cuando llego la policía y revisaron no había nada. Aquí está el incidente del estacionamiento subterráneo el ataque de las ratas." "Mira, es la foto de nuestro jefe, aparece en un par de fotos pero son de hace muchos años, "Mira, es la foto de nuestro jefe, aparece en un par de fotos pero son de hace muchos años lleva ahí al menos 17 años."
"Hmmm, si tienes razón ahí se ve mucho más joven y sin ojeras", fue lo único que pudimos que averiguar sobre los incidentes que habían sucedido anteriormente en ese centro. Después de esto nos pusimos de acuerdo para ir a cobrar nuestras liquidaciones, Raúl estaba muy renuente a ir pero le asegure que lo acompañaría y además iríamos a medio día. Después de mucho pensarlo lo pude convence, además ya se había inscrito a un curso y necesitaba el dinero.
El día llego para cobrar nuestra liquidación, nos pusimos de acuerdo para vernos en la pequeña fonda donde regularmente desayunábamos y comimos algo. La señora nos hizo la observación que ya no habíamos ido y le comentamos que ya no laborábamos ahí. "¡Qué bien!, espero que les este yendo mejor, el postre va por cuenta de la casa". Esto nos sorprendió debido a que casi nadie te felicitaría por perder un empleo y menos uno bien pagado. Decidimos no hacer preguntas y dirigirnos al centro comercial, justo al llegar, los dos titubeamos por un momento si deberíamos entrar o no, al final entramos decididos y nos dirigimos a la oficina de nuestro jefe. El centro comercial parecía otro lleno de gente y al medio día. Nos dirigimos a la oficina de nuestro jefe tocamos la puerta. "¡Entre!"dijo la voz del otro lado de la puerta, al abrirla nos dimos cuenta que no estaba nuestro jefe habitual sino otra persona. Le indicamos quienes éramos y a que íbamos. "Ah sí, las liquidaciones, su jefe me instruyo sobre esto, no pudo estar aquí hoy porque se ha sentido mal en los últimos días", nos entrego a ambos un sobre con dinero y nos hizo firmar un documento de confidencialidad que nos impedía hablar algo sobre cualquier cosa que hubiera sucedido en el centro comercial, Raúl y yo nos miramos extrañados y lo firmamos sin hacer preguntas. Salimos de ahí rápidamente y en la salida nos abrazamos, nos deseamos suerte mutuamente y no nos volvimos a ver.
Sentado en el sillón de la casa de mis padres, ahora mi casa, un año después de lo sucedido me encuentro leyendo el periódico, hay una noticia sobre el centro comercial. Esta noticia dice que mi jefe a desaparecido sin rastro alguno. Las declaraciones las hace la misma persona que nos entrego las liquidaciones a Raúl y a mí. Se le nota un poco avejentado y se le notan unas inconfundibles ojeras.
P.D. Los nombres han sido cambiados por el contrato de confidencialidad mencionado.
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2017.08.24 17:24 _callmereno [Terror] No me gustan las cobijas ni las sábanas

¿Por qué? Tiene que ver con algo que sucedió hace muchos, muchos años.
No recuerdo exactamente el día en que el Sr. Risitas llegó a mi casa, creo que pudo haber sido un Día de Reyes o tal vez Navidad; al menos eso supongo porque estaba usando mis pijamas de frío, las que solamente se sacan del ropero durante dos o tres meses al año. Cuando bajé a la sala, dispuesto a ver mis caricaturas del sábado en la mañana, ahí estaba él, sentado sobre el cojín café que me gustaba abrazar, con un gran moño azul al lado de su cuello.
Al principio no me agradó demasiado, casi podría decir que no me gustaba. Prefería mis figuras de los Power Rangers, tan descoloridas que ya no se distinguía el Red Ranger de la Pink Ranger, o mis muchos balones de futból, aunque la mayoría ya tuvieran menos aire que una llanta ponchada. Además se me hacía un juguete para niños chiquitos, totalmente inapropiado para un grandulón cursando el segundo año de primaria. A pesar de mi desagrado inicial decidí arrumbarlo por ahí y fingir jugar con eĺ una que otra ocasión, sabiendo perfectamente que mis papás no volverían a comprarme otro balón si le hacia feo al muñeco ese.
Esa misma tarde, cuando subí de regreso a mi cuarto para una nueva aventura con mis Power Rangers, mi mamá se aseguró de que llevara al peluche junto conmigo. Con mi mejor sonrisa falsa, tomé la insípida figura y lo llevé hasta mi habitación, solamente para aventarlo bajo mi cama y no volver a pensar en él. Se quedó ahí durante algunos días, hasta que papá me preguntó si no me había gustado mi regalo, porque no me había visto jugar con él en toda la semana. Obviamente no podía dejar que pensaran eso, así que en aquel mismo instante corrí hacia mi recámara con la intención de mostrarles cuanto «me gustaba».
Me arrodillé sobre la alfombra y me asomé bajo la cama. Atrás de un par de calcetines sucios y al lado de tres zapatos que no hacían juego, estaba el Sr. Risitas, mirándome con sus ojos grandes y redondos. Lo tomé del piso sujetándolo con ambas manos y dí media vuelta para regresar al comedor, con mis ojos clavados la cara del muñeco. Al llegar al pie de la escalera, tuve una sensación rara. Era como si su cara tuviera vida, casi... ¿se veía triste? De repente comenzé a notar detalles que antes dejé escapar: su cabello verde, alborotado al estilo Bob Patiño; su nariz roja, redonda y exageradamente grande; sus labios delineados en color negro y resaltados en rojo, que curiosamente se curvaban ligeramente hacia abajo; y sus ojos grandes, redondos y acuosos, como a punto de derramar una lágrima; todo enmarcado por una cara blanca y una margarita prendida de su solapa.
Ver su expresión me hizo sentir como el peor niño del mundo. Como se deben sentir los que empujan a la persona que anda en muletas, o los que le esconden los anteojos a los que no ven bien. Lo estreché contra mi pecho y le pedí que me perdonara, que sí lo quería y que a partir de ese momento seríamos los mejores amigos. Estoy seguro que jamás he sido más sincero en toda mi vida, y debió resultar, porque cuando lo solté de mi abrazo su rostro había cambiado. Su boca ahora formaba una franca sonrisa y en los ojos se adivinaba una chispa de alegría; fue entonces cuando me vino a la mente el nombre perfecto para mi nuevo amigo: Sr. Risitas.
Cuando dije que seríamos mejores amigos, no lo hice a la ligera; realmente nos habíamos convertido en compañeros inseparables. Estábamos juntos cada momento que yo pasaba en la casa, había tomado el lugar preferente sobre mis figuras de plástico y los balones, incluso me acompañaba en el sitio de honor sobre el sillón todos los sábados en la mañana. El único límite que me imponían era llevarlo a clases, así que pasaba todo el día escolar ansioso de llegar para contarle a mi gran amigo las aventuras de aquel día. El Sr. Risitas me correspondía cuidando de mí, me ayudaba diciéndome las respuestas de las tareas, y también me contaba chistes por las noches. Eran tan divertidos que varias veces mis papás se levantaban a preguntarme cual era la gracia, pero le había prometido al Sr. Risitas que no le contaría a nadie sobre lo que me decía. Lo que más me gustaba era que, cuando me quedaba dormido del cansancio, el Sr. Risitas me cobijaba para que no pasara frío por las noches.
Realmente disfrutaba de la compañía de mi amigo, mucho más que la de mis papás. Últimamente no hacían más que regañarme, amanecían de malas diciendo que no había podido dormir, con los ojos hinchados y raspones en brazos y cara; pero lo que más me molestaba era que nos miraban a los dos de reojo, como si nosotros les hubiéramos hecho algo. Fue entonces que el Sr. Risitas me dijo que ellos querían separarnos, que se lo llevarían lejos en el camión de la basura, y que lo mejor era que nos fuéramos de la casa antes de que pasara. Desde luego yo estaba dispuesto para huir esa misma noche.
Hice una pequeña maleta con una sábana y un bate que tenía por ahí arrumbado, al mejor estilo del Chavo del ocho. Estaba recostado con la luz apagada, fingiendo dormir mientras esperaba a que mis papás se durmieran.
Luego tuve una pesadilla, una muy fea.
Un señor me despertaba y me llevaba de la mano hacia el jardín para escaparnos de la casa y ser mejores amigos por siempre. Era tan alto como papá, y cuando caminaba lo hacía con la espalda encorvada. Su cara era totalmente blanca, con unos labios manchados de algo que parecía sangre, los dientes eran afilados y cuando hablaba una baba de color negro escurría por los lados de su boca. Su cabello estaba «peinado» en rastas verdes y hediondas con la podredumbre del drenaje. Sus dedos tenían las uñas largas, sucias y astilladas. Yo no quería ir, lloraba y me tiraba al piso para que no me llevara, pero solamente conseguía hacerlo enojar.
Llegamos al jardín de enfrente mientras continuaba llevándome lejos de casa. Mis ojos se sentían nublados, espesas líneas de mocos corrían alrededor de mis labios. Fue entonces cuando ví las luces de la casa encenderse, y a mi papá salir corriendo hacia donde estaba yo. Aquel monstruo me tomó del cuello y pegó su cara con la mía; su aliento apestaba como vómito que ha estado varios días estancado en una cubeta con diarrea, y sus uñas lastimaban la piel de mis hombros. Acercando su boca a mi oreja, dijo algo que no alcance a entender, y me aventó contra la banqueta. Lo último que recuerdo fue verlo desinflándose, como si fuera un globo, y entonces todo se oscureció.
En la mañana desperté de golpe, llorando y gritandole al Sr. Risitas para que me abrazara. Mis brazos y mis hombros estaban llenos de arañazos que ardían al más mínimo roce. Mis papás estaban ahí, y me explicaron que el Sr. Risitas había tenido que irse de emergencia, y que tal vez nunca regresaría. Eso solamente me hizo sentir más triste y desamparado, mi mejor amigo se había ido para siempre.
Al menos no todo fue malo. Luego de que el Sr. Risitas se fue, mis papás volvieron a ser cariñosos conmigo. Ya no amanecían enojados llenos de raspones, ni siquiera con los ojos hinchados. Yo todavía estaba demolido por el Sr. Risitas, pero una tanda de balones nuevos y figuras recientes de los Power Rangers me ayudaron a olvidarlo poco a poco; lo único que jamás pude soportar de nuevo fueron las cobijas, simplemente verlas me producía mucha tristeza.
De todo eso hace ya sus buenos veinte años. Vivo cerca de una playa, y como se imaginan, escogí este lugar precisamente porque las cobijas no son necesarias. Solamente tengo una sábana que conservo siempre en el rincón más lejano de mi ropero, únicamente porque mamá la cosió como un regalo de cumpleaños.
Nunca la uso, y nunca la muevo de lugar; sin embargo, hoy por la mañana amanecí tapado con ella. ¿Curioso, no?
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